jueves, 31 de marzo de 2011

Subsecretaria McHale se refiere a la diplomacia y uso de medios electrónicos en América Latina

Subsecretaria Judith McHale con parte de la comunidad online de la Embajada de Estados Unidos en Uruguay
Compartimos una traducción del discurso de la subsecretaria de Estado para Diplomacia y Asuntos Públicos, Judith McHale, acerca de la política de Estados Unidos en relación a América Latina. McHale pronunció este discurso en la Escuela de Estudios Internacionales Avanzados de la Universidad Johns Hopkins, en Washington DC, el 29 de marzo.

 

(comienza la transcripción)


Gracias, Nelson, y gracias por invitarme para estar hoy aquí junto a ustedes. También quisiera dar una bienvenida especial a los Centros Binacionales de América Latina y el Caribe.


No podíamos haber elegido un tema más destacado, o un momento más crítico, para hablar sobre los nuevos medios informativos y su impacto en nuestras relaciones con el mundo. En todo Oriente Medio, la gente está haciendo tambalear las décadas de restrictivos controles gubernamentales. Los nuevos medios electrónicos, junto al Internet, han creado un espacio que se había buscado durante mucho tiempo, en el que los grupos de oposición puedan organizar a sus partidarios en un movimiento; y ese movimiento está transformando nuestro mundo.

Las ideas son contagiosas. Siempre lo han sido. Hoy, el acceso amplio e inmediato a la información permite que las ideas circulen como un virus. Facultan a la gente para que participe en la vida política de sus países. Iguala a las voces.


Internet ha hecho posible alcanzar a más personas en más lugares. Sin embargo, ha hecho que el poder y la influencia cambien hasta el punto que es necesario comprometer a más personas. Esto significa que ya no podemos tener la esperanza de controlar el cómo y el cuándo, y el medio por el cual la gente se vaya a formar una impresión respecto a nosotros.


Ahora más que nunca, la diplomacia pública es un componente vital en la política exterior de Estados Unidos. Interesar y narrar nuestra historia a los pueblos del mundo favorece a nuestros intereses nacionales y mejora nuestra seguridad nacional. Y si no somos nosotros los que narramos nuestra historia, les aseguro que alguien más lo hará. No nos podemos permitir jugar a la defensiva en un panorama que cambia constantemente.


Lo digo sin reservas: El mundo ha cambiado, y si no cambiamos la manera en que interactuamos corremos el riesgo de ser marginados o quedar obsoletos.


Así que estamos haciendo todo lo que podemos para conectar con la gente, con los 6.800 millones de personas que existen, para asegurar mejor la estabilidad y seguridad de nuestro país, nuestra región y nuestro mundo. Nos tomamos esta misión muy en serio.


En el Departamento de Estado, reconocemos que la diplomacia de gobierno a gobierno por sí sola ya no es suficiente. Desde la secretaria Clinton hasta más abajo, adoptamos los nuevos medios y las nuevas tecnologías como herramientas vitales para lo que llamamos “Diplomacia del siglo XXI”.


No somos tan inocentes como para creer que podemos crear relaciones significativas con la gente utilizando nada más que los sitios de las redes sociales. No hay un equivalente virtual a la interacción cara a cara con los estadounidenses. Sin embargo, los nuevos medios pueden ser la primera conexión que haga saltar la chispa de la curiosidad para aprender más entre unos y otros. O puede ser el segundo contacto que ayude a cimentar y crear una relación que trascienda el tiempo y la distancia. Cada una de estas interacciones deja una impresión diferente y le demuestran a una persona que es importante para uno.


Por tanto, hoy deseo compartir con ustedes algunas de las manera en las que estamos utilizando los nuevos medios y las tecnologías de conectividad para modernizar nuestra diplomacia pública.


La tecnología no ha cambiado el objetivo de nuestros esfuerzos de diplomacia pública. Deseamos forjar relaciones personales y fortalecer las relaciones entre estadounidenses y personas en todo el mundo. Esto era cierto hace 50 años y seguirá siendo cierto dentro de 50 años.


Sin embargo, la tecnología ha trasladado el trabajo de la diplomacia pública a nuevas esferas. Hoy conectamos directamente con nuevos públicos. Cambiamos el espíritu de la diplomacia pública de ser un mensaje unidireccional a ser una participación de doble vía.


Al hacer esto, América Latina y el Caribe nos proporcionan una zona natural de pruebas para una diplomacia de más amplia base. La población es joven, está conectada y tiene apetito de educarse e informarse. Nuestros pueblos está unida por una historia común, por valores compartidos y un medio ambiente que compartimos; y en toda la región, la gente sabe como utilizar la tecnología y encontrar la oportunidad para conectarse.


Cultivar estas relaciones y utilizar los nuevos medios electrónicos de manera responsable y eficaz requiere esfuerzo. Como toda la diplomacia pública, el alcance de los nuevos medios necesita investigación y conlleva un elemento de riesgo. Es necesario planificar para encontrar la herramienta adecuada para la oportunidad precisa. Tenemos que conocer a nuestro público para entender que mensajes le interesan y que puedan amplificarse utilizando los medios sociales.


Cuando vemos que hay una respuesta, mejoramos nuestra capacidad de probar cosas nuevas para el futuro. Si hacemos esto bien, también aprendemos más respecto de nuestro público. Podemos preguntarles cuales son sus necesidades y opiniones, y ellos nos lo pueden decir.


Los nuevos medios y las tecnologías de conectividad mejoran nuestra capacidad para escuchar. Esta es la principal mejora en la caja de herramientas de nuestra diplomacia del siglo XXI. Los medios sociales nos ofrecen nuevas maneras de escuchar lo que se dice en el terreno; y cuando entendemos mejor las actitudes culturales y las tendencias que se desenvuelven, los medios sociales nos ayudan a crear mejores políticas.


Cualquiera que tenga un teléfono móvil o una conexión de Internet tiene la capacidad de comunicarse con nosotros. Vemos todos los mensajes y participamos como iguales. Esta retroalimentación es un recurso increíblemente valioso, ya sea positiva o negativa, puesto que nos permite entender mejor la manera en que los pueblos y gobiernos del mundo interpretan nuestras actuaciones y decisiones.


También puede servir como un sistema de alerta anticipada para destacar preocupaciones de diplomacia pública, antes de que se conviertan en crisis a gran escala. Podemos compartir información inmediata y proporcionar respuestas rápidas a las preguntas cuando estas se plantean.


Lo que es más importante, una información de doble vía anima al tipo de asociaciones que son críticas para nuestras relaciones en América Latina y el Caribe. Como el presidente Obama dijo, justo la semana pasada en Santiago, “hoy en día, en el continente americano, no hay socios principales ni socios secundarios; hay socios con igualdad de condiciones”, y estas sociedades exigen responsabilidad mutua.


Los nuevos medios apoyan nuestro compromiso de responsabilidad mutua al aumentar el acceso y la transparencia. Nos permiten intentar lograr los objetivos que compartimos en un diálogo y con nuestros socios; y nos ayudan a crear buena voluntad y a establecer conexiones directamente entre nuestras poblaciones.


Todos nos acordamos de cuando el mundo se movilizó en respuesta al devastador terremoto en Haití, en enero del año pasado. No sólo los gobiernos, sino los ciudadanos vieron la inmediatez de la tragedia en sus teléfonos móviles y en sus computadoras portátiles.


Trabajando con nuestros socios del sector privado y con la Cruz Roja establecimos un sistema de donación móvil que proporcionó un medio para la generosidad y compasión de los estadounidenses. Juntos recaudamos la cifra récord de 40 millones de dólares en donaciones de 5 y 10 dólares.


Sin embargo también nos asociamos con suministradores locales de telecomunicaciones para desarrollar un código corto de SMS gratuito. Utilizando este código, los ciudadanos haitianos podían indicar a los servicios de auxilio donde estaban y lo que necesitaban. Nos permitió trasladar un esfuerzo de respuesta masiva a una escala muy personal.


Una mujer pudo enviar un mensaje por medio del código corto cuando empezó su parto. Con un mensaje de texto alertó a los encargados de respuesta inmediata de su ubicación y situación, y llegaron a tiempo de ayudarla a tener su bebé.


En otro caso, un campamento de sobrevivientes desplazados no había recibido suministros en varios días. Eran 2.500 personas, sin alimentos ni agua. Después de recibir mensajes de texto, de individuos que estaban en el campamento, pudimos dirigir la distribución de la ayuda antes de que empeorase la situación.


Nada de esto hubiera sido posible sin las asociaciones y sin las comunicaciones a dos vías a todos los niveles.


Nuestro secretario de Estado adjunto para Asuntos del Hemisferio Occidental, Arturo Valenzuela, es muy partidario de los nuevos medios electrónicos, como manera de fomentar el diálogo con los ciudadanos de las Américas. Hoy, cualquier interesado en saber lo que está haciendo el secretario adjunto, puede seguirlo por Twitter. Puede hacerse su “amigo” en Facebook; o le puede hacer una pregunta directamente en alguna de las reuniones digitales de cabildo abierto que auspicia, como la que convocó el pasado noviembre.


Desde luego, no estamos interesados en abrir plataformas de medios sociales sólo por el hecho de tenerlas. Estamos interesados en aplicar los medios sociales para la promoción de nuestros objetivos estratégicos en las Américas.


Funcionarios de alto nivel en Washington utilizan los nuevos medios para participar con los pueblos de la la región en un intercambio de impresiones sobre varios asuntos relacionados con políticas. Nuestras embajadas utilizan esta manera de abrirse para impulsar diálogos de seguimiento sobre prioridades regionales. Las nuevas tecnologías abren nuevas y creativas maneras de avanzar hacia nuestras metas.


El presidente Obama ha perfilado los cuatro pilares de nuestra alianza regional con el Hemisferio Occidental, a saber: proteger la seguridad ciudadana; extender las oportunidades económicas y la inclusión social; obtener un futuro de energía limpia; y dar apoyo a instituciones de gobierno democráticas, transparentes y responsables.


La diplomacia pública respalda y fortalece cada uno de estos pilares. Por ejemplo, estamos coordinando una serie de seminarios en línea electrónica a lo largo de este año para celebrar la historia y cultura de los afrolatinos. Y la embajada de Bogotá organizó una charla electrónica entre estudiantes de secundaria entre Colombia e Indiana para hablar sobre la lucha contra el racismo y la discriminación. Cada uno de estos programas utiliza la tecnología y los nuevos medios para promover el objetivo de la administración Obama de contribuir a avanzar la igualdad racial y la inclusión social en toda la región.


Utilizamos cada vez más la tecnología móvil para mejorar nuestra participación. En promedio, el 89 por ciento de personas en América Latina y el Caribe tiene un teléfono móvil, pero sólo el 6,4 por ciento tiene conexión a Internet de banda ancha. Los programas SMS y las aplicaciones móviles nos permiten comunicarnos con amplios sectores de la población, a muchos de los cuales no podemos llegar de otra manera. Eso convierte a la tecnología móvil en un poderoso recurso para promover nuestra agenda regional.


También estamos explorando ideas para compartir información sobre el aprendizaje de inglés o los programas de intercambio a través de teléfonos móviles. En Colombia, trabajamos con el gobierno colombiano, con ONG y con Mobile Medic para conectar a las víctimas de minas terrestres con servicios de salud de la comunidad. En México, colaboramos con la Secretaría de Seguridad Pública y con ONG para desarrollar una línea de denuncia anónima que permita a los ciudadanos compartir de forma segura información sobre actividades delictivas.


Evidentemente, los medios de comunicación social y la tecnología móvil no son la panacea para ninguno de los objetivos de nuestra política, pero pueden ser maneras eficaces de organizar a la gente y compartir información crítica. Así que colaboramos con pensadores innovadores y fabricantes de tecnología en la región para poner nuevas herramientas en manos de organizaciones comunitarias y activistas.


Dos de nuestros programas emblemáticos que facilitan este objetivo son las visitas de delegaciones de expertos en tecnología [tech dels, en inglés] y el campamento de tecnología TechCamp para las organizaciones de la sociedad civil.


Las visitas de delegaciones de tecnología traen a innovadores a un país para que conozcan sus necesidades y entorno. A continuación, los expertos ayudan a desarrollar soluciones ciudadanas a los desafíos nacionales. Muchos de los ejemplos que he compartido con ustedes hoy –el uso de tecnologías móviles en Haití y la línea de denuncia anónima para luchar contra el narcotráfico en México– se pusieron en marcha gracias a delegaciones de tecnología.


En noviembre del año pasado, se convocó el primer campamento de tecnología TechCamp, en Santiago, para congregar a ONGs, que conocen los problemas y necesidades de sus comunidades, con expertos en tecnología. Como parte de la iniciativa Sociedad Civil 2.0, de la secretaria Clinton, TechCamp permitió a las ONGs compartir ideas y explorar maneras en que la tecnología pueda potenciar sus actividades a nivel de base. Desde entonces, los participantes de TechCamp han utilizado esas ideas. Están facultando a jóvenes de las favelas de Río de Janeiro y contribuyendo a reparar el tejido social en Ciudad Juárez.


A nuestro modo de ver, los nuevos medios y las nuevas tecnologías no son valiosos en sí mismos. Sólo son útiles cuando los podemos utilizar para mejorar la vida de las personas y establecer conexiones.


En el mejor de los casos, el poder de los nuevos medios es muy personal, ya que los medios de comunicación social apuntan a forjar conexiones entre dos personas. No debemos olvidar nunca a las personas que integran una red. Detrás de cada identificador de usuario en Internet y de cada etiqueta en pantalla [en Twitter] hay una persona que está tratando de forjar una conexión. Se merece que se le trate como tal.


Los seres humanos desean conectarse con otros seres humanos y aprender acerca de ellos, pero nadie quiere conectarse con una presencia diplomática estéril que no hace más que presentar la misma información obsoleta en pedacitos reducidos. Legiones de seguidores en la web o de ‘Me gusta’ [en Facebook] significan muy poco si la interacción jamás se mueve más allá del ámbito virtual. El reto es convertir nuestra presencia en línea en encuentros en persona.


Para que la presencia en los medios sociales sea exitosa ha de ser interactiva. Ha de ser transparente. Ha de ser personal. Sólo entonces podremos provocar una respuesta y entablar una conversación entre personas reales.


De mi trabajo en MTV y en Discovery Communications, conozco desde hace tiempo las maneras innovadoras en que los latinoamericanos utilizan los medios de comunicación. Así que cuando estuve de visita en la región el verano pasado, me impresionó la manera creativa con que nuestras embajadas utilizan los medios de comunicación social para conectarse.


En Uruguay, por ejemplo, la embajada ha convertido a los visitantes en la web en verdaderos amigos al organizar concursos con premios sencillos, como por ejemplo un partido de futbolín (metegol) con el embajador. Basta con pensar en el impacto a nivel de diplomacia pública de decirle a tus amigos: “ayer le gané al embajador estadounidense en el futbolín (metegol). El personal que se hace cargo de la página de Facebook en la embajada de Montevideo pone sus nombres y fotos en la página de inicio, para que sus seguidores uruguayos sepan que se están comunicando con verdaderas personas.


Nuestra embajada en La Paz tiene otra historia con final feliz de haber convertido la participación en línea en conexiones personales. En un país, de menos de diez millones de habitantes, la embajada tiene casi 32.000 seguidores en Facebook, gracias a la actualización constante de contenido y de concursos frecuentes. Al igual que en Uruguay, los premios son a menudo poco más que tomarse un café con un empleado estadounidense o ir a una cena en la casa del ministro consejero. Estos encuentros sencillos, pero significativos, constituyen un premio tanto para nuestros funcionarios de diplomacia pública como para los ganadores bolivianos. Sin embargo, siempre nos informan de lo sorprendidos que quedan los bolivianos, cuando un funcionario de la embajada les hace un espacio en su agenda. Dicen que no esperan semejante apertura por parte de Estados Unidos.


Y en la embajada de Santo Domingo, en la República Dominicana, la sección de Asuntos Públicos decidió abrir su página de Facebook a todos los funcionarios de la embajada que hacen actividades de divulgación pública. El personal utiliza la página para hablar con los usuarios sobre temas que van desde programas de la embajada y concursos, hasta a veces temas polémicos. Gracias al alto nivel de participación, la página de la embajada se ha disparado de 1.000 seguidores hace un año, a más de 37.000 en la actualidad.


En cada uno de estos ejemplos, el poder no es la plataforma, sino la gente. Los medios de comunicación social se basan en las décadas de experiencia que hemos desarrollado al fomentar el diálogo de persona a persona.


En preparación para la visita del presidente Obama a América Latina, a principios de este mes, creamos una página web móvil a través de Facebook e invitamos a ciudadanos brasileños a que enviaran mensajes de bienvenida al presidente Obama. En el transcurso de dos semanas, recibimos más de 31.000 mensajes de texto y 500 vídeos de todas las regiones de Brasil.


La embajada en Brasilia incrementó su base de seguidores en Facebook en más de 750 por ciento y duplicó sus seguidores de Twitter. Son cifras impresionantes. Pero el verdadero testimonio del éxito de la campaña está en los mensajes de los propios brasileños, deseosos de conectarse con el presidente Obama.


Un hombre llamado Fred, escribió desde Brasilia: “¡Es un honor dar la bienvenida al primer presidente estadounidense que parece brasileño! Bienvenido a casa, señor Presidente”.


Otro vino de una maestra de Mossoró, llamada Késia Nunes, que le había hablado a su clase sobre el presidente Obama. Dijo: “Me dijeron lo sorprendidos que estaban con el hombre que ha demostrado que, independientemente de dónde provengamos, nuestra raza o nuestra religión, todos podemos alcanzar nuestros sueños”.


En el Departamento de Estado no utilizamos los medios de comunicación social ni las nuevas tecnologías porque estén de moda. He trabajado en el sector de los medios el tiempo suficiente como para saber cuánto duran las modas pasajeras.


Utilizamos los nuevos medios porque nos permiten hacer algo diferente. Porque así Fred y Késia, y todos sus estudiantes, nos comunican directamente que más les importa a ellos. Y porque así podemos darles las gracias por sus aportaciones. Cuando logramos hacer eso con eficacia, afirmamos una y otra vez que lo que nos une supera con mucho lo que nos divide.
Por tanto, espero que todos ustedes se unan a nosotros para averiguar la mejor manera de utilizar estos nuevos medios electrónicos de comunicación de aquí en adelante. Nos interesa conocer sus ideas o sugerencias. Queremos aprovechar las conexiones entre las personas que se encuentran aquí en esta sala y las de los participantes en la web, para poder mantenernos al día de todas las oportunidades que producen los nuevos medios y las tecnologías conectivas.


Porque no buscamos seguidores, sino que buscamos colaboradores y personas que nos ayuden a dirigir. Gracias

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